Hechos · Capítulo 2
Hechos 2: Pentecostés
Cincuenta días después de la Pascua, el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en Jerusalén con estruendo de viento y lenguas como de fuego. Pedro, el que había negado a Jesús, predica el primer sermón de la Iglesia, tres mil personas se bautizan y nace una comunidad que persevera en la enseñanza, la comunión, el pan partido y la oración.
Introducción · Pastor Gabriel
Cincuenta días después de la Pascua, en una casa de Jerusalén, un puñado de hombres y mujeres espera. Jesús les ha dicho que no se muevan hasta recibir la promesa del Padre. No tienen templo propio, ni plan, ni poder. Solo tienen una promesa y la oración compartida.
Y entonces el cielo se abre. Viento, fuego, lenguas. Pedro, el que había negado al Maestro junto a una hoguera, se levanta y predica con una libertad que no era suya. Tres mil personas escuchan, se conmueven y preguntan lo que todos alguna vez tenemos que preguntar: ¿qué haremos?
Hechos 2 es el nacimiento de la Iglesia. Aquí están su origen, que es el Espíritu; su mensaje, que es Cristo crucificado y resucitado; y su forma de vida, que es la enseñanza, la comunión, el pan partido y la oración.
Léelo como quien asiste a un nacimiento. Y pregúntate si la vida de aquella primera comunidad se parece en algo a la tuya.
Texto bíblico · Reina-Valera 1960
Hechos 2: Pentecostés
San Lucas — Hechos de los Apóstoles
- 1 Y COMO se cumplieron los días de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos;
- 2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corría, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados;
- 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.
- 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen.
- 5 Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo.
- 6 Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua.
- 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: He aquí ¿no son Galileos todos estos que hablan?
- 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos?
- 9 Partos y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
- 10 En Phrygia y Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, tanto Judíos como convertidos,
- 11 Cretenses y Arabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.
- 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos a los otros: ¿Qué quiere ser esto?
- 13 Mas otros burlándose, decían: Que están llenos de mosto.
- 14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras.
- 15 Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora tercia del día;
- 16 Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:
- 17 Y será en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, Y vuestros viejos soñarán sueños:
- 18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.
- 19 Y daré prodigios arriba en el cielo, Y señales abajo en la tierra, Sangre y fuego y vapor de humo:
- 20 El sol se volverá en tinieblas, Y la luna en sangre, Antes que venga el día del Señor, Grande y manifiesto;
- 21 Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
- 22 Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesús Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis;
- 23 A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole;
- 24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible ser detenido de ella.
- 25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
- 26 Por lo cual mi corazón se alegró, y gozóse mi lengua; Y aun mi carne descansará en esperanza;
- 27 Que no dejarás mi alma en el infierno, Ni darás a tu Santo que vea corrupción.
- 28 Hicísteme notorios los caminos de la vida; Me henchirás de gozo con tu presencia.
- 29 Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta del día de hoy.
- 30 Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado que del fruto de su lomo, cuanto a la carne, levantaría al Cristo que se sentaría sobre su trono;
- 31 Viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el infierno, ni su carne vio corrupción.
- 32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
- 33 Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.
- 34 Porque David no subió a los cielos; empero él dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra,
- 35 Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.
- 36 Sepa pues ciertísimamente toda la casa de Israel, que a éste Jesús que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo.
- 37 Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?
- 38 Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
- 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
- 40 Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.
- 41 Así que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas a ellos aquel día como tres mil personas.
- 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.
- 43 Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.
- 44 Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes;
- 45 Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas a todos, como cada uno había menester.
- 46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón,
- 47 Alabando a Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
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