Mateo · Capítulo 7
Mateo 7: La casa sobre la roca
El capítulo final del Sermón del Monte: no juzgar con hipocresía, pedir con la confianza de un hijo, la regla de oro, la puerta estrecha, los frutos que revelan el árbol y la casa construida sobre la peña. Jesús termina su enseñanza poniendo al oyente ante una decisión: escuchar y obrar, o escuchar y no hacer nada.
Introducción · Pastor Gabriel
Jesús está terminando el Sermón del Monte, la enseñanza más larga y más densa que nos han dejado los evangelios. Ha hablado de las bienaventuranzas, de la sal y la luz, de la oración y del ayuno. Ahora, en el capítulo final, reúne todo en una serie de frases que se han vuelto proverbiales: no juzguéis, pedid y se os dará, por sus frutos los conoceréis.
Pero Mateo 7 no es una colección de máximas sueltas. Tiene una dirección: todo el capítulo empuja hacia una decisión. Dos puertas, dos caminos, dos árboles, dos casas. Jesús no quiere oyentes admirados; quiere discípulos que edifiquen.
Léelo como quien revisa los cimientos de su propia casa antes de que llegue la tormenta, y pregúntate sobre qué estás construyendo.
Texto bíblico · Reina-Valera 1960
Mateo 7: La casa sobre la roca
Evangelio según San Mateo
- 1 No juzguéis, para que no seáis juzgados.
- 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán a medir.
- 3 Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?
- 4 O ¿cómo dirás a tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota, y he aquí la viga en tu ojo?
- 5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo, y entonces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano.
- 6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos; porque no las rehuellen con sus pies, y vuelvan y os despedacen.
- 7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.
- 8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se abrirá.
- 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, a quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra?
- 10 ¿Y si le pidiere un pez, le dará una serpiente?
- 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que le piden?
- 12 Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esta es la ley y los profetas.
- 13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella.
- 14 Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
- 15 Y guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
- 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
- 17 Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos.
- 18 No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos.
- 19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego.
- 20 Así que, por sus frutos los conoceréis.
- 21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
- 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?
- 23 Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.
- 24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña;
- 25 Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre la peña.
- 26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
- 27 Y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
- 28 Y fue que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina;
- 29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.
Breve Reflexión
El versículo en imagen
Para Profundizar