Apocalipsis · Capítulo 21
Apocalipsis 21: Cielo nuevo y tierra nueva
Tras el juicio final, Juan ve un cielo nuevo y una tierra nueva, y la santa ciudad, la nueva Jerusalén, que desciende de Dios como una esposa. Dios habita con los hombres, enjuga toda lágrima y hace nuevas todas las cosas. La ciudad, de oro y piedras preciosas, no necesita templo ni sol, porque Dios y el Cordero son su luz.
Introducción · Pastor Gabriel
Después de tantas páginas de sellos, trompetas, bestias y copas, el Apocalipsis se abre de pronto a la luz. Juan ya no ve guerras, sino una boda; ya no ve Babilonia, sino una ciudad que baja del cielo. Es el final hacia el que camina toda la Biblia, y el principio de algo que no tendrá final.
Apocalipsis 21 no describe una huida del mundo, sino su renovación. Dios no tira su creación a la basura: la hace nueva. Y en el centro no hay oro ni piedras preciosas, aunque abunden, sino una presencia: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres.
Léelo cuando la vida pese, junto a una tumba o en medio de una prueba. Deja que su promesa te sostenga: el que está sentado en el trono ha dicho que hace nuevas todas las cosas, y sus palabras son fieles y verdaderas.
Texto bíblico · Reina-Valera 1960
Apocalipsis 21: Cielo nuevo y tierra nueva
Apóstol San Juan
- 1 Y VI un cielo nuevo, y una tierra nueva: porque el primer cielo y la primera tierra se fueron, y el mar ya no es.
- 2 Y yo Juan vi la santa ciudad, Jerusalem nueva, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.
- 3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos.
- 4 Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
- 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
- 6 Y díjome: Hecho es. Yo soy Alpha y Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente.
- 7 El que venciere, poseerá todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
- 8 Mas a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda.
- 9 Y vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete postreras plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la esposa, mujer del Cordero.
- 10 Y llevóme en Espíritu a un grande y alto monte, y me mostró la grande ciudad santa de Jerusalem, que descendía del cielo de Dios,
- 11 Teniendo la claridad de Dios: y su luz era semejante a una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal.
- 12 Y tenía un muro grande y alto con doce puertas; y en las puertas, doce ángeles, y nombres escritos, que son los de las doce tribus de los hijos de Israel.
- 13 Al oriente tres puertas; al norte tres puertas; al mediodía tres puertas; al poniente tres puertas.
- 14 Y el muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.
- 15 Y el que hablaba conmigo, tenía una medida de una caña de oro para medir la ciudad, y sus puertas, y su muro.
- 16 Y la ciudad está situada y puesta en cuadro, y su largura es tanta como su anchura: y él midió la ciudad con la caña, doce mil estadios: la largura y la altura y la anchura de ella son iguales.
- 17 Y midió su muro, ciento cuarenta y cuatro codos, de medida de hombre, la cual es del ángel.
- 18 Y el material de su muro era de jaspe: mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio.
- 19 Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento era jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, calcedonia; el cuarto, esmeralda;
- 20 El quinto, sardónica; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el nono, topacio; el décimo, crisopraso; el undécimo, jacinto; el duodécimo, amatista.
- 21 Y las doce puertas eran doce perlas, en cada una, una; cada puerta era de una perla. Y la plaza de la ciudad era de oro puro como vidrio trasparente.
- 22 Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero.
- 23 Y la ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella: porque la claridad de Dios la iluminó, y el Cordero era su lumbrera.
- 24 Y las naciones que hubieren sido salvas andarán en la lumbre de ella: y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella
- 25 Y sus puertas nunca serán cerradas de día, porque allí no habrá noche.
- 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella.
- 27 No entrará en ella ninguna cosa sucia, o que hace abominación y mentira; sino solamente los que están escritos en el libro de la vida del Cordero.
Breve Reflexión
El versículo en imagen
Para Profundizar