Lucas · Capítulo 10

Lucas 10: El buen samaritano

Jesús envía a setenta discípulos de dos en dos, se alegra en el Espíritu porque el Padre se revela a los pequeños y responde a un doctor de la ley con la parábola del buen samaritano. El capítulo se cierra en la casa de Betania, donde Marta sirve afanada y María escucha a los pies del Señor: una sola cosa es necesaria.

Introducción · Pastor Gabriel

Lucas 10 se abre con un camino y se cierra en una casa. En medio queda una de las historias más conocidas de toda la literatura: la del hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones.

Primero, Jesús envía a setenta discípulos de dos en dos, sin bolsa y sin calzado, a preparar su llegada. Vuelven llenos de gozo, y el mismo Jesús se estremece de alegría en el Espíritu porque el Padre se revela a los pequeños. Luego un doctor de la ley pregunta quién es su prójimo, y la respuesta es un samaritano que se detiene. Al final, en Betania, dos hermanas nos muestran dos maneras de recibir al Señor.

Léelo despacio. Este capítulo no se deja leer desde la distancia: termina siempre con una palabra que te toca a ti. Ve, y haz tú lo mismo.

Texto bíblico · Reina-Valera 1960

Lucas 10: El buen samaritano

Evangelio según San Lucas

  1. 1 Y DESPUÉS de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí, a toda ciudad y lugar a donde él había de venir.
  2. 2 Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
  3. 3 Andad, he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.
  4. 4 No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis en el camino.
  5. 5 En cualquiera casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.
  6. 6 Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros.
  7. 7 Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.
  8. 8 Y en cualquiera ciudad donde entrareis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
  9. 9 Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha llegado a vosotros el reino de Dios.
  10. 10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
  11. 11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad a nuestros pies, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado a vosotros.
  12. 12 Y os digo que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad.
  13. 13 ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidón hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya días ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido.
  14. 14 Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.
  15. 15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.
  16. 16 El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió.
  17. 17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
  18. 18 Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo.
  19. 19 He aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
  20. 20 Mas no os gocéis de esto, que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
  21. 21 En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños: así, Padre, porque así te agradó.
  22. 22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quisiere revelar.
  23. 23 Y vuelto particularmente a los discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
  24. 24 Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oir lo que oís, y no lo oyeron.
  25. 25 Y he aquí, un doctor de la ley se levantó, tentándole y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
  26. 26 Y él dijo: ¿Qué está escrito de la ley? ¿cómo lees?
  27. 27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo.
  28. 28 Y díjole: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
  29. 29 Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
  30. 30 Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
  31. 31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, se pasó de un lado.
  32. 32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado.
  33. 33 Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;
  34. 34 Y llegándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, llevóle al mesón, y cuidó de él.
  35. 35 Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
  36. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en manos de los ladrones?
  37. 37 Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
  38. 38 Y aconteció que yendo, entró él en una aldea: y una mujer llamada Marta, le recibió en su casa.
  39. 39 Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra.
  40. 40 Empero Marta se distraía en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.
  41. 41 Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
  42. 42 Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

Breve Reflexión

El versículo en imagen

Short de Lucas 10: El buen samaritano

Para Profundizar

Preguntas Frecuentes sobre El buen samaritano

¿Qué significa Lucas 10?
Lucas 10 reúne tres escenas: el envío de los setenta discípulos a preparar el camino de Jesús, la parábola del buen samaritano en respuesta a la pregunta «¿quién es mi prójimo?», y la visita de Jesús a la casa de Marta y María. Juntas enseñan el equilibrio de la vida cristiana: misión, misericordia concreta y escucha de la Palabra.
¿Quién escribió el Evangelio de Lucas?
La tradición de la Iglesia atribuye este evangelio a San Lucas, médico y compañero de viaje de San Pablo, que también escribió el libro de los Hechos de los Apóstoles. Lucas no fue testigo directo de la vida de Jesús, pero investigó con cuidado y recogió el testimonio de quienes lo fueron, incluidas muchas escenas que solo él narra, como la del buen samaritano.
¿Qué enseña la parábola del buen samaritano?
La parábola enseña que el prójimo no se define por la raza, la religión o la cercanía, sino por la misericordia. Un sacerdote y un levita pasan de largo ante el herido, y un samaritano, considerado enemigo, se detiene a cuidarlo. Jesús cambia la pregunta de «¿quién es mi prójimo?» a «¿de quién me hago yo prójimo?», y termina con un mandato: «Ve, y haz tú lo mismo».
¿Por qué el sacerdote y el levita no ayudaron al herido?
Lucas no lo explica, pero muchos intérpretes piensan que temían contaminarse ritualmente al tocar a alguien que podía estar muerto, lo que les impediría servir en el templo. También podía pesar el miedo a los bandidos. Jesús usa su indiferencia para mostrar que la religión sin misericordia no cumple el mandamiento del amor.
¿Qué significa «una cosa es necesaria» en Lucas 10:42?
Jesús se lo dice a Marta, que estaba afanada con muchos servicios mientras María escuchaba a sus pies. Lo necesario es estar con el Señor y escuchar su palabra. No desprecia el servicio, sino que lo ordena: el trabajo por Dios no puede reemplazar la relación con Dios, y la parte de María no le será quitada.
¿Quiénes eran los setenta discípulos de Lucas 10?
Eran un grupo más amplio de seguidores que Jesús envió de dos en dos a preparar su llegada a las ciudades por donde iba a pasar. Solo Lucas narra este envío. El número setenta recuerda las naciones del mundo en Génesis 10 y los ancianos que ayudaron a Moisés, y anticipa la misión universal de la Iglesia.