Nuevo Testamento
Cartas Paulinas
Epístola a los Romanos
Romanos es la exposición más completa del evangelio en toda la Escritura. Pablo demuestra que todos, judíos y gentiles, han pecado, y que la justificación viene por la fe en Jesucristo, no por las obras de la ley. Es el gran tratado de la salvación, la gracia y la vida en el Espíritu.
Primera Epístola a los Corintios
Primera de Corintios es la carta de Pablo a una iglesia dividida y luchando con el pecado. Aborda las divisiones, la inmoralidad, el matrimonio, los dones espirituales y la resurrección. Contiene el capítulo 13, el himno al amor, uno de los pasajes más hermosos de toda la Escritura.
Segunda Epístola a los Corintios
Segunda de Corintios es la carta más personal de Pablo. En ella defiende su ministerio, habla de sus sufrimientos y debilidades, y revela cómo el poder de Dios se perfecciona en la fragilidad humana. Es la carta del tesoro en vasos de barro y de la reconciliación.
Epístola a los Gálatas
Gálatas es la carta de la libertad cristiana. Pablo defiende con pasión el evangelio de la gracia frente a quienes querían añadir la ley como requisito de salvación. Su mensaje es claro: somos justificados por la fe en Cristo, no por las obras — y esa fe se manifiesta en el fruto del Espíritu.
Epístola a los Efesios
Efesios revela la riqueza inmensa que el creyente tiene en Cristo y el plan eterno de Dios de reunir todas las cosas en Él. Sus primeros capítulos celebran la salvación por gracia; los últimos llaman a vivir esa verdad en unidad, pureza y con toda la armadura de Dios.
Epístola a los Filipenses
La carta a los Filipenses es la epístola del gozo. Pablo, escribiendo desde la prisión, anima a esta amada iglesia a perseverar en Cristo y a regocijarse siempre, sin importar las circunstancias.
Epístola a los Colosenses
La carta a los Colosenses es una epístola del apóstol Pablo que proclama la supremacía de Cristo sobre toda la creación. Escrita para fortalecer a la iglesia frente a falsas enseñanzas, afirma que Jesús es la imagen del Dios invisible y la cabeza de la Iglesia.
Primera Epístola a los Tesalonicenses
Primera de Tesalonicenses es una de las cartas más tempranas de Pablo, escrita para alentar a una iglesia joven bajo persecución. Rebosa de gratitud y esperanza, y enseña con claridad sobre la segunda venida del Señor y el consuelo que esa esperanza trae a los que sufren.
Segunda Epístola a los Tesalonicenses
En su segunda carta a la joven Iglesia de Tesalónica, Pablo consuela a unos creyentes perseguidos con la certeza de que Dios hará justicia en la venida de Cristo. Corrige a quienes creían que el Día del Señor ya había llegado, explicando que antes debe manifestarse el hombre de pecado. Y exhorta a los que habían dejado de trabajar a llevar una vida ordenada y a no cansarse de hacer el bien.
Primera Epístola a Timoteo
Primera de Timoteo es una carta pastoral de Pablo a su joven colaborador, encargado de la Iglesia de Éfeso. Le pide combatir las falsas enseñanzas, cuidar la oración comunitaria y elegir con criterio a obispos y diáconos. También da orientaciones sobre viudas, ancianos y esclavos, advierte contra el amor al dinero y anima a Timoteo a pelear la buena batalla de la fe.
Segunda Epístola a Timoteo
Segunda de Timoteo es considerada la última carta de Pablo, escrita desde la prisión en Roma cuando presiente cercana su muerte. Anima a Timoteo a no avergonzarse del Evangelio, a sufrir como buen soldado de Cristo y a permanecer firme en las Escrituras en tiempos difíciles. Es un testamento espiritual que termina con la serena confesión de haber guardado la fe.
Epístola a Tito
Pablo escribe a Tito, a quien dejó en Creta para organizar las comunidades cristianas de la isla. Le indica cómo elegir presbíteros íntegros, cómo enseñar la sana doctrina a cada grupo de la Iglesia y cómo responder a los falsos maestros. En el centro de la carta brilla la gracia de Dios, que salva por pura misericordia y enseña a vivir con sobriedad, justicia y piedad.
Epístola a Filemón
Filemón es la carta más breve y personal de Pablo. Escrita desde la prisión, intercede ante Filemón, un cristiano de Colosas, por Onésimo, su esclavo fugitivo, que se ha convertido a la fe junto a Pablo. El apóstol le pide que lo reciba ya no como esclavo, sino como hermano amado, mostrando cómo el Evangelio transforma las relaciones humanas.