Salmos · Salmo 51
Salmo 51: Crea en mí un corazón limpio
El más hondo de los salmos penitenciales. El grito de David después de su pecado con Betsabé: un hombre que no minimiza su falta ni se justifica, sino que se arroja entero sobre la misericordia de Dios y pide no una limpieza superficial, sino un corazón nuevo.
♪ Lectura en voz de Hermana María Elena
Introducción · Pastor Gabriel
Hay oraciones que nacen de la victoria y oraciones que nacen del abismo. El Salmo 51 nace del abismo. Lo escribió David después de lo peor de su vida: el adulterio con Betsabé, el asesinato encubierto de Urías, y casi un año entero de silencio en el que fingió que no había pasado nada. Entonces llegó el profeta Natán, lo señaló con el dedo y le dijo: “Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:7). Y David, en lugar de defenderse o mandar callar al profeta, se quebró. De ese quebranto brotó este salmo.
Por eso es tan distinto de la religión de apariencias. Aquí no hay excusas, ni circunstancias atenuantes, ni un «pero yo hice muchas cosas buenas». Hay un hombre que reconoce su pecado sin rebajarlo, que sabe que no puede comprar el perdón con ofrendas, y que pide lo único que de verdad necesita: no una limpieza por encima, sino un corazón nuevo, creado de la nada por la mano de Dios.
Es también, por eso mismo, el salmo más esperanzador para cualquiera que haya caído. Porque si Dios pudo levantar a David de ahí —adúltero, homicida, encubridor— y volver a poner música en sus huesos, entonces no hay pecado tuyo que quede fuera de Su misericordia.
Léelo despacio, no como espectador del drama de otro, sino como quien también necesita ser lavado. Y deja que su pregunta te alcance: ¿le has pedido a Dios que cree en ti un corazón limpio?
Texto bíblico · Reina-Valera 1960
Salmo 51: Crea en mí un corazón limpio
Salmo de David
- 1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia: Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
- 2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
- 3 Porque yo reconozco mis rebeliones; Y mi pecado está siempre delante de mí.
- 4 A ti, a ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos: Porque seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
- 5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
- 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
- 7 Purifícame con hisopo, y será limpio: Lávame, y seré emblanquecido más que la nieve.
- 8 Hazme oir gozo y alegría; Y se recrearán los huesos que has abatido.
- 9 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
- 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
- 11 No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu.
- 12 Vuélveme el gozo de tu salud; Y el espíritu libre me sustente.
- 13 Enseñaré a los prevaricadores tus caminos; Y los pecadores se convertirán a ti.
- 14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salud: Cantará mi lengua tu justicia.
- 15 Señor, abre mis labios; Y publicará mi boca tu alabanza.
- 16 Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto.
- 17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
- 18 Haz bien con tu benevolencia a Sión: Edifica los muros de Jerusalem.
- 19 Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto ú ofrenda del todo quemada: Entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
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