Salmos · Salmo 42
Salmo 42: Como el ciervo brama por las aguas
El canto del alma sedienta. Un creyente lejos de la casa de Dios llora día y noche, se pregunta a sí mismo por qué está abatido, y en medio del abismo aprende a hablarle a su propia alma: «Espera a Dios, porque aun le tengo de alabar».
♪ Lectura en voz de Hermana María Elena
Introducción · Pastor Gabriel
Hay una sed que el agua no apaga. El Salmo 42 le pone imagen: un ciervo que jadea en el desierto, la lengua seca, huyendo o buscando, hasta encontrar la corriente. Así —dice el salmista— clama mi alma por Dios. No por sus regalos, no por el alivio, sino por Él mismo.
Quien escribió este canto estaba lejos. Lejos de Jerusalén, lejos del templo, en la tierra remota del Jordán y del Hermón, donde el rugido de las cascadas le recordaba las olas que pasaban sobre su alma. Y encima, la burla: ¿Dónde está tu Dios? Es el salmo del creyente abatido, del que llora de día y de noche y no sabe cuándo volverá a ver el rostro de su Señor.
Pero en medio del abismo aprende algo que vale más que todo el consuelo: aprende a hablarle a su propia alma. «¿Por qué te abates, oh alma mía? Espera a Dios.» No niega la tristeza; la nombra. Pero se niega a quedarse en ella. Dos veces se predica esperanza, hasta que la esperanza se vuelve más firme que la circunstancia.
Léelo despacio, sobre todo si andas seco por dentro. Deja que su sed sea tu oración, y su estribillo, tu medicina: aun le tengo de alabar.
Texto bíblico · Reina-Valera 1960
Salmo 42: Como el ciervo brama por las aguas
A los hijos de Coré
- 1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
- 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¡Cuándo vendré, y pareceré delante de Dios!
- 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
- 4 Acordaréme de estas cosas, y derramaré sobre mí mi alma: Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la casa de Dios, Con voz de alegría y de alabanza, haciendo fiesta la multitud.
- 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar Por las saludes de su presencia.
- 6 Dios mío, mi alma está en mí abatida: Acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, Y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.
- 7 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales: Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
- 8 De día mandará Jehová su misericordia, Y de noche su canción será conmigo, Y oración al Dios de mi vida.
- 9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
- 10 Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
- 11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te conturbas en mí? Espera a Dios; porque aun le tengo de alabar; Es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.
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