Antiguo Testamento

Profetas Mayores

Libro del Profeta Isaías

66 capítulos · Isaías hijo de Amoz; muchos estudiosos atribuyen los capítulos 40-66 a discípulos posteriores de su escuela

Isaías es el gran profeta de la santidad de Dios y de la esperanza mesiánica. Denuncia el pecado de Judá y de las naciones, anuncia el juicio y el destierro, pero sobre todo proclama la consolación: el Señor salvará a su pueblo por medio del Emmanuel, del Siervo sufriente y de un nuevo cielo y una nueva tierra. Por sus profecías sobre Cristo ha sido llamado «el quinto evangelio».

Libro del Profeta Jeremías

52 capítulos · Jeremías, con la ayuda de su escriba Baruc

Jeremías es el profeta que vio caer Jerusalén. Durante cuarenta años llamó a Judá a volver a Dios, anunció el exilio en Babilonia y sufrió cárcel, burlas y rechazo por ser fiel a su mensaje. En medio del juicio, su libro anuncia una esperanza nueva: un pacto escrito en el corazón y un futuro de paz para el pueblo de Dios.

Libro de las Lamentaciones

5 capítulos · Tradicionalmente Jeremías; el texto hebreo no nombra a su autor

Lamentaciones son cinco poemas de duelo por la destrucción de Jerusalén y del templo a manos de Babilonia en el 586 a. C. Con dolor sincero describen la ciudad desolada, el hambre del asedio y la vergüenza del pueblo, y reconocen que el pecado trajo el juicio. En el centro del libro brilla la esperanza: las misericordias del Señor son nuevas cada mañana.

Libro del Profeta Ezequiel

48 capítulos · Ezequiel, sacerdote y profeta del exilio

Ezequiel fue un sacerdote deportado a Babilonia que recibió visiones de la gloria de Dios junto al río Quebar. Anunció a los exiliados que Jerusalén caería por su infidelidad, juzgó a las naciones vecinas y, tras la destrucción, proclamó una restauración asombrosa: un corazón nuevo, huesos secos que vuelven a la vida y un templo renovado donde Dios habita para siempre.

Libro del Profeta Daniel

12 capítulos · Tradicionalmente Daniel; muchos estudiosos lo sitúan en su forma final en el siglo II a. C.

Daniel narra la vida de un joven judío deportado a Babilonia que permanece fiel a Dios en la corte de reyes paganos. Sus relatos, como el horno de fuego o el foso de los leones, muestran que Dios protege a quienes no se doblegan ante los ídolos. Sus visiones anuncian la sucesión de los imperios y un reino eterno entregado a uno como un hijo de hombre, fundamento de la esperanza en la resurrección.